Los NFTs presentan mínimos históricos

De la cima al suelo: La historia de los NFTs

Apenas en julio pasado, el ecosistema de criptomonedas vio su peor trimestre en 11 años. En medio de un contexto económicamente complejo—con presiones inflacionarias fuertes y miedo a incrementos en las tasas de interés—, el valor de Bitcoin se desplomó poco más de 40% en menos de tres meses. Una tendencia que bien puede ser observada en otros activos digitales de este tipo, como Ethereum. Sin embargo, a la crisis de 2022 se le han sumado eventos importantes en la industria que abonan a la especulación que tiene a las cripto por los suelos: el crash de LUNA y TerraUSD en mayo; el cese de operaciones de Celsius; la declaración de bancarrota de Three Arrows Capital. Y una crisis reputacional del sector. Pero en medio de tanto crash, ¿qué está sucediendo con los NFTs? 

A lo largo de 2021, los NFTs fueron el furor de internet. Los non-fungible tokens son un activo digital (imágenes principalmente) que se caracterizan por tener una validación única a través de cadenas de bloques para un único dueño. Es decir, aunque el dibujo, foto o pieza de arte detrás de ellos pueda ser copiado y pegado sin ningún tipo de candado, el caminito único de llegada a él pertenece a una sola persona. Los más famosos en el mercado son unos changos conocidos como Bored Ape Yacht Club y pueden llegar a costar más de 3 millones de dólares cada uno. En su pico más alto, el mercado mundial de los NFTs alcanzó un valor de 12,600 millones de dólares; no obstante lo anterior, junto al desplome de las criptomonedas, en junio de 2022 se contrajo a 1,000 millones de dólares.

La tecnología detrás de los NFTs y las criptomonedas es muy similar. Ambos funcionan a partir y a través de cadenas de bloques. Y aunque ambas industrias están estrechamente relacionadas, sus dinámicas son muy distintas. Mientras que las criptodivisas pretenden tener un valor (que a la fecha no se ha podido encontrar) que vaya más allá de inversión especulativa, los NFTs funcionan de saque como meros artículos de colección altamente tecnológicos. En ese sentido, se parecen un poco a algunos de los activos alternativos clásicos de inversionistas: obras de arte, reliquias, memorabilia o, en tiempos más recientes, incluso sneakers. De tal modo, los precios de los NFTs no se establecen en términos generales—como el Bitcoin, por ejemplo—sino a partir de la oferta y demanda individuales. Y por ello hay gobiernos, como el de China, que están tratando de implementar candados para evitar la especulación de estos activos.

Pero en esos volúmenes de transacciones se pueden observar la importancia o irrelevancia que van desarrollando. Aunque hay tendencias de caída en el ecosistema de NFTs, cada activo se cuece aparte. Mientras que algunas piezas (como el certificado del primer tweet de la historia) pierden millones de dólares en cuestión de meses, hay otras que se mantienen relativamente estables. Por ejemplo, los mentados changos del Bored Ape Yacht Club en estas semanas de turbulencia económica no han perdido más que 1% de su valor comercial. De tal modo, los NFTs no se encuentran en una situación tan complicada como las criptomonedas; sin embargo, es cierto que el furor desmedido del año pasado será difícil que vuelva a aparecer. Sobre todo si sigue sin haber la posibilidad de que la Web 3.0 transite hacia un multiverso funcional, como se anunciaba hace algunos meses.