Stellan Skarsgård se lanzó al Karlovy Vary International Film Festival de República Checa para promocionar Sentimental Value, su más reciente película dirigida por Joachim Trier (tuvo su premiere en Cannes en donde se llevó el Grand Prix).
El actor sueco habló sobre su relación laboral con Ingmar Bergman, quien a la fecha es considerado como uno de los grandes directores en la historia del cine responsable de títulos como El séptimo sello, Person o Fanny y Alexander, apuntado hacia el pasado nazi del cineasta sueco.
La afiliación nazi de Bergman no fue ni es un secreto. Pero es un tema que se ha conversado poco por lo que conlleva respecto a la aclamación que Bergman recibió y continúa recibiendo, y también por esta cosa de separar la obra del artista. Pero vamos por partes.

“Bergman era un manipulador. Fue nazi durante la guerra y la única persona que conozco que lloró cuando Hitler murió“, dijo Stellan Skarsgård. “Lo seguimos justificando, pero tengo la sensación de que él tenía una perspectiva muy extraña sobre la gente. Pensaba que algunos no tenían valor. Lo percibías mientras manipulaba personas. No era bueno”.
Y eso no fue todo. Skarsgård dijo que Bergman no era una buena persona, que era un “desgraciado” muy a pesar de hacer grandes películas. Incluso, puso de ejemplo a Caravaggio como una persona nefasta cuyas obras son grandiosas.
Esta no es la primera vez que el actor sueco habla de Bergman. Hace más de una década también dijo que, en vida, no quería que estuviera presente.
La relación laboral entre Skarsgård y Bergman se dio en 1986 cuando el primero apareció en la puesta en escena de A Dream Play de August Strindberg. Primera y última vez que trabajaron juntos.

Estas declaraciones vuelven a abrir un tema que resulta complicado para los cinéfilos y los fans de Bergman. Se sabe que el autor sueco se sumó a la ideología nazi a los 16 años cuando, durante una estancia en Alemania, asistió a un rally donde escuchó hablar a Adolfo Hitler.
“Hitler era tremendamente carismático. Electrizaba a la multitud“, dijo.

“El nazismo que conocí parecía divertido y juvenil”. Cuando decimos que no era un secreto, es porque el mismo Bergman escribió en sus memorias The Magic Lantern de 1987, que le hacía feliz verlo triunfar y le entristecían las derrotas.
Pero de acuerdo con este mismo texto, el momento de la ruptura entre Bergman y el nazismo se dio cuando se reveló al mundo las atrocidades cometidas en los campos de concentración.
“Cuando las puertas de los campos de concentración quedaron abiertas, no quería creer lo que veía… cuando la verdad salió a la luz, fue un shock terrible para mí. De una manera brutal y violenta, de repente me arrebataron la inocencia”.
Roy Andersson es uno de los directores suecos más importantes (entre sus obras más populares está The Painted Bird). Durante una entrevista, le preguntaron sobre si la muerte de Bergman le había afectado como cineasta, sobre todo si pensamos que el mismo Bergman fue supervisor durante su paso en la escuela de cine.
Y lo que dijo rompe un poco con la idea de que la afiliación nazi de Bergman quedó atrás. Andersson dijo que no era una buena persona, que “era casi un fascista” y tenía una ideología férrea asociada a la ultraderecha. Para él, el fascismo nunca desapareció del todo de Bergman.






































